SILVIO RODRÍGUEZ

"Me va la vida en ello"

miércoles, 25 de julio de 2007

EL LEÓN DE LA SELVA HUMANA


De: Danhir Salomón


Huyes de nosotros

Tu mundo

desconocido

me inquieta.

Te confundes entre vidas

¿reales o ficticias?

Lo designé el monarca de las fiestas.

Solía aparecer una vez que el ambiente había alcanzado el clímax fuerte, cuando la solución alcohol-drogas adoptaba su natural reacción. Así, cada cual dispuesto en sus funciones, jamás advirtió su presencia.

Y llegaba solo, acaso sin cargar con la costumbre humana de ser “trípedo”, teniendo que desarrollar una serie de mecanismos para lograr un perfecto engranaje entre las partes. Trípedo... ¿Dos izquierdos y uno derecho, o viceversa? Tal vez sólo se trate de uno derecho, uno izquierdo y el otro neutro. De todas maneras, al sobrante, sea derecho, izquierdo o neutro no es considerado más que como muleta.

Tus pasos lentos, recorren la pista de baile. Luego, desde algún lateral, observarás a tus bufones. Pero no ríes.

No le era necesario cargar con banda, corona o cetro para comprender que dominaba ese reino con la mirada. Gobernaban sus pupilas, focos de luz en medio del caos: unos borrachos, muchos drogados, y en el fondo gritos de orgías. Ni qué hablar de esas cualidades mixtas y andróginas que poseían otros! Todos descentrados, conformando el circo al que él asistía.

León de la selva humana, quizá el bullicio en su cabeza superaba al que oíamos y podía apartarse de su locura interna por un breve lapso, el tiempo que duraba la fiesta.

¡Qué panorama diverso! donde el casi-cuerdo, en el caso de ser cierta su existencia, podría sentirse loco. Pero la locura, simplemente, depende de qué loco la analice.

Las botellas, vaciándose entre rock’n roll y batucadas, alguna representación corporal exponiendo desnudos (sin importar la estación del año) interrumpiría el baile, “Performance” le llamábamos. En el césped, parejas amontonadas; en el pasillo se dispersaban ojos extraviados y el sudor, deslizándose por barbillas grasas humedecía las camisetas.
Pero ahí estaba él. Ajeno a todos, simplemente observando.

Rescatar imágenes, quizás en eso consistió su trabajo.

Había llegado sin saludar. De igual manera se retiraba, sin despedirse, portando su figura fantasmal.

Así, dándonos la espalda, se alejaba el león que podía sobrevivir sin cazar. El único (habrá sido el último?) que no buscó su presa en la sociedad.




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